Sinforosa en minifalda
viernes, febrero 24, 2012
Mona Lisa
Ante todo, está claro que los cuadros, cuando los limpian de suciedad y de repintes, se vuelven otra cosa muy diferente a lo que parecían: ella siempre estuvo ahí, pero antes era oscura e insignificante y ahora ilumina toda la sala 49 por sí sola.
Es una mujer que da la espalda a una ventana abierta al mundo. Detrás de ella el paisaje es sobre todo azul. Un azul muy azul en el que las montañas se confunden con el cielo y parecen precipicios de cuento, irreales como olas sólidas.
Es una mujer suave; su pelo, las telas que viste, su piel, todo en ella es acariciable. Sí, acariciable es la palabra. No he estado en el Louvre y no he visto la original (cuando se trata de pinturas, las fotos valen sólo hasta cierto punto), pero la de Leonardo me parece más distante, más enigmática y menos cercana. Ésta, aunque dibuja el mismo triángulo, es más de carne y hueso.
El truco aprendido de Leonardo está ahí, muy evidente, y es la asimetría. Un extremo de la sonrisa está ligeramente más alto que el otro; igual ocurre con los hombros, y el paisaje, como es sabido, oculta un desnivel que le hace diferente en la derecha y en la izquierda. Esto crea una tensión que te lleva a buscar con la mirada el verdadero centro de atención de todo el cuadro, el otro triángulo: el que forma la zona de los ojos, la nariz y la boca.
Esa geometría mágica es Leonardo puro y duro. Otras cosas serán del autor, fuera quien fuera. Se ve su mano y a la vez se ve la del maestro, las dos muy claras, y esto hipnotiza.
En cualquier caso, ir a verla es una experiencia que recomiendo. Está completamente rodeada de fans y tiene un vigilante para ella sola. Me he quedado un buen rato observando a los que observaban. "No deje usted que se la lleven a París, que es más bonita que la otra y se la van a querer quedar, menudos son los franceses", le ha dicho una señora al vigilante, jajaja...
No, no es más bonita que la otra, pero la gente a veces es encantadora. :-D
He decidido que alguna vez ejecutaré mi propia Gioconda.O Giocondo. Aún no sé de qué manera, con qué instrumento ni quién será el modelo, pero tengo claro que cada uno de nosotros debería hacerlo así: nuestra propia Mona Lisa, una que diga de su autor tanto como se calla.
domingo, julio 31, 2011
Tocar la tierra
Hubo un tiempo en que Caravaggio me gustaba más que ningún otro pintor, porque lo veía franco y sin matices, y a sus cuadros fogonazos de luz dura sobre dura oscuridad. Las personas me parecían así, llenas de sombras aunque con instantes luminosos, y pensaba que, si Dios existía, nos vería a nosotros de esa manera un tanto inclemente. Porque la cualidad de Dios sería justamente ésa: la inclemencia.
Ahora que Dios me parece irrelevante, Caravaggio me parece violento. Y lo era, pero puede ser también que sufriera algún desequilibrio. O tal vez un enfado, uno grande. No conviene quitar importancia a los enfados.
Del Descendimiento, que hasta el 18 de Septiembre se encuentra expuesto en el Prado, me ha llamado la atención la figura de Nicodemo, el personaje vestido de ocre que vuelve la cara hacia el espectador. Me ha llamado la atención porque es un hombre común, con su traje pardo y sus firmes pies desnudos clavados en el suelo. Y, al ser como nosotros, es quien, de todos los personajes, se dirige a nuestros ojos y parece decirnos: ahora mirad lo que está pasando aquí. Es un extraño co-protagonista de la escena, un narrador elevado a la categoría central y remarcado por el fondo rojo que proporciona a su cabeza el manto de San Juan.
Los demás componen una especie de coreografía congelada. Partiendo del ángulo que forman los pies de Cristo con Nicodemo, se abre hacia la izquierda un abanico de reacciones humanas en gradación desde la no-expresión total de la muerte a la exaltación de la figura erguida de la derecha, María Cleofás. Los matices (y los matices en Caravaggio siempre son extraños) los dan las expresiones a partir de ella: María Magdalena, la Virgen y San Juan, más serenos en progresión de arriba abajo, hasta llegar a la inmovilidad del Cristo difunto.
Las manos de la mujer de pie apuntan al cielo; las de Jesús yacente tocan la tierra. Como los pies de Nicodemo.
Ese tocar la tierra, o la roca, o el sepulcro, me parece, salvando la perfección técnica, lo mejor del cuadro. El Cristo es prácticamente una copia de la Pietà de Miguel Angel, y sin embargo es otra cosa muy diferente, porque músculos oscuros, pies desnudos, rudeza, materia, tumba están aquí muy presentes, como si las tinieblas se hubieran abierto pero sólo durante un breve espacio de tiempo, el de un fogonazo de luz en el que Dios no resulta especialmente relevante.
domingo, junio 26, 2011
La Ola
Este maravilloso desnudo se iba a llamar así : La Ola. Luego su autor le puso lo de La Perla y la Ola, sin saber que lo de la perla a mí me iba a parecer una cursilada, pero seguro que con buena intención. Bien, el título tenía su sentido, y lo explica estupendamente el señor del vídeo enlazado, pero por mí que se quede con La Ola.
Mostrado por primera vez en el Salón de París de 1862, parece referir el tema mitológico del Nacimiento de Venus, y fue tachado de muy inmoral por la sociedad bienpensante del momento, aunque muy celebrado por la intelectualidad gafapástica, como Teophile Gautier, a quien le entusiasmó.
Si alguien se pregunta por qué una sociedad que estaba harta de ver Nacimientos de Venus en cueros se escandalizó por éste, que no se fije en el culo ni en el pezón que apunta victorioso al cielo, sino en la mirada de la mujer. Con el debido respeto a la sociedad bienpensante de mi momento, en mi humilde (bueno, no, nada de humilde) opinión esa mirada está diciendo: fóllame. Que me quede sin olas si el señor Paul Baudry, a quien acabo de conocer hace media hora, no tuvo a bien agarrar todo un tema mitológico y a toda una exposición visitada hasta por la realeza, para enseñarnos, todo ufano, los ojitos que ponía su amiga Colette, o Ninette o Babette o Maripili, en el divino momento de pronunciar la mágica palabra.
¿Y qué ha provocado la gentil Colette-Ninette-Babette-Maripili al decir con los ojos ese pecado tan grande?
Pues ha provocado que venga la ola. La ola gigante, la que se la va a comer dentro de uno, dos, tres segundos, la que no se puede contener y va a estallar de gozo, dejando a Maripili empapadita por completo.
Señor Baudry, no se puede ser más explícito, así que me callo y miro esta preciosidad de desnudo desde el corazón de oro de un verano, que seguro (¡seguro!) que nos va a traer muchas olas, todas incontenibles y amorosas.
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