miércoles, diciembre 17, 2008

Hechos consumados





Qué mona, pero qué mona va la niña. Blanca y radiante, con sus buenos seis mil euros en trapitos y floripondios. Así se luce el gilipollas de mi hijo, casando por todo lo alto a la primogénita. Y los del pueblo venga de darme palmaditas: "que se le casa la primera nieta, doña Valentina, sea enhorabuena". Y yo les contesto que a mí qué me importa, y entonces mi nuera ("¡qué cosas tiene usted!") pone los morritos como si fuera a soplar por una trompeta y mete la directa con el abanico, que a este paso se le dislocará la muñeca y yo me reiré de ella hasta caerme de culo.

Y vaya día de calor. Sólo se le ocurre al soplagaitas de mi hijo organizar la boda un quince de Agosto a las seis de la tarde. Con lo a gusto que estaría yo durmiendo la siesta en la residencia, tumbada a la bartola en la sombra del pino, oyendo jugar a la brisca a los de la partida, que dan mucha risa, sobre todo el Amancio cuando va perdiendo, porque se encabrita y empieza a mentar a santos que no los conoce nadie. Yo creo que se los inventa. En la vida había oído yo a San Corredulfo ni a Santa Pilindrilla. Este Amancio es que es muy gracioso y muy de decir dichos, y me gusta a mí pasearme con él cuando se termina la brisca, y luego nos tomamos el café con las galletas los dos juntos, viendo la televisión tan ricamente.

Pero no, hoy me han tenido que traer al bodorrio, a sudar como un pollo y a empotrarme los juanentes en unos zapatos de tacón y las lorzas en una faja. Menos mal que, cuando veníamos en el coche, me he deshecho del sombrerito, así, como que se lo llevaba el viento por la ventanilla. A tomar por saco el gorrete, que parecía yo un somatén con él. Menudo disgusto mi nuera, je, je, anda y que la den morcilla , ella bien que se ha puesto mantilla y peineta. Una mantilla verde, que parece la suegra de un picador marciano. Pero va tan propia, porque el novio no será picador, pero marciano seguro que es. Nariz de trompetilla y orejas como antenas tiene, desde luego.

Ay, Matías, si estuvieras aquí, la que ibas a armar. Si ya lo decías tú. Siempre, siempre lo decías: "este hijo nuestro es tonto, Valentina", y yo te regañaba por decir esas cosas del muchacho, pero cuánta razón tenías. Tú al final llevabas la razón todas las veces, Matías, aunque al principio pareciera que estabas diciendo un sindiós. Pero es que la vida es un sindiós ella misma y por eso tú, que naciste sabiendo, no marrabas ni una.

Como cuando nos hicimos novios en secreto, porque nuestras familias no se hablaban desde que a mi abuelo se le metió entre ceja y ceja que el tuyo había movido las lindes de la viña. Que en mi parentela siempre se ha llevado muy buena cuenta de las cepas y verdad es que las cepas no desaparecen como si se las llevaran los duendes. Entonces se liaron tu abuelo y el mío a mamporros en la plaza del pueblo, con lo cual quedaron las dos casas en muy malas composturas. Es lo que tiene liarse a mamporros, Matías, que las relaciones, quieras que no, ya no son las mismas.

El caso es que el día de la procesión de la patrona, tan majos que íbamos, nos echamos el ojo, tú a mí y yo a ti, y ya no paramos hasta que nos encontramos los dos, así, a lo tonto, a lo tonto, en la era la noche de San Juan. Y ya fuimos como el Romeo y la Julieta, pero en plan de pueblo y de viñas y eso. Y luego tú saliste con el invento de que nos fugáramos a Navalcarnero, que yo al principio de oirte te contesté que estabas mal de la chaveta, pero bien listo anduviste, porque, si no nos llegamos a fugar, los mastuerzos de nuestras familias nos mandan a mí al convento y a ti a la Legión. "Hechos consumados, Valentina, hechos consumados", decías. Yo te respondí que si no te parecía que ya consumábamos bastante en la era, pero tú, como eras tan leído, me explicabas los planes que tenías, y, mira, ya no parecía la idea tan insensata. Así que allá que nos escapamos a Navalcarnero los dos, montados en la tartana de tu tío Federico, con cuatro trapos y cuatro reales que cogimos al paso. Bien contentos íbamos, cantando boleros y coplas a la luz de la luna, y bebiendo de vez en cuando un trago del porrón, que llegamos a la fonda haciendo eses, pero con una alegría en el cuerpo... No como estos paniaguados del bodorrio, míralos, sólo se ríen de dientes para afuera, Matías. Como se descuiden les va a dar un mal aire y se les va a quedar el gesto de payasos de feria por los siglos de los siglos, amén.

Luego, cuando llegó la hora de dar la cara, nos plantamos delante de mi padre, que te acordarás que llevaba en la mano un garrote de metro y medio, y tú dijiste aquello de: "Máteme si quiere, tío Aniceto, que yo me dejo que me mate, pero sepa usté que quedará su hija sin prometido y lo que viene sin padre". Y qué listo anduviste otra vez, que no les quedó otro remedio que casarnos deprisa y corriendo. Hasta nos pusieron casa, porque no dijeran en el pueblo.

Que sí, Matías, que nuestro hijo es tonto. Que su bisabuelo movía lindes y él mueve fondos de inversión de esos, pero estamos en las mismas. Sólo que ahora, como no hay lo que tiene que haber, los novios ya no se fugan. Total, ¿adónde se iban a fugar? Si con los móviles y el internet ése lo mismo da que estés aquí o que estés allá, en Navalcarnero o en la China. Qué aburrimiento de mundo, Matías, bien lo sabe Dios; bien poca cosa te estás perdiendo con haberte muerto, hermoso mío.

Ahora que, en cuanto mi nuera se dé la vuelta, yo cojo el tole-tole y me subo a un taxi. A mí que me dejen en la residencia que, mira, Matías, no lo lleves a mal, pero lo mismo me fugo un día de estos con el Amancio y nos vamos los dos a un cámping nudista, que viene siendo, creo yo, lo más parecido a una era de las de nuestros tiempos. Y después que vengan los hijos con reclamaciones y echándose las manos a la cabeza, que es como tú decías: hechos consumados, Valentina, hechos consumados.

Y a ver si, mirándonos, aprenden a vivir la vida estos memos de ahora, Matías. Que es que no han aprendido nada de nada, con todo lo listos que se creen que son.

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Img.- Francisco de Goya, La Boda,1791-1792

6 comentarios:

morenita dijo...

Cómo cunde la espera. Gracias,

Sinforosa dijo...

Gracias a vos, fermosura, :-))

Ana dijo...

Qué maravilla :)

Sinforosa dijo...

Yo es que una vez me casé y lo hice un quince de Agosto a las seis. Esto inspira mucho, quieras que no, jeje.

Gracias, muá.

TONY dijo...

Hacía mucho que no escuchaba lo del mal aire!

Siempre es un placer leerte Sinfo y aqui estamos viviendo uno de esos calores que te tocaron en agosto seguramente... Un beso y que termines muy bien este año!

Sinforosa dijo...

Gracias, TONY. Una arroba de felicidad para ti, pero no de estas: @, sino de las otras, de un cuarto de quintal o del quintal entero mismamente, :-)))
Besos.