
Sabed, queridos niños, que en las últimas Navidades el Rey Mago se enamoró de la stripper.
Dicen que la historia empezó porque Melchor pisó una loncha de choped abandonada en el suelo del centro comercial. Patinó sobre ella algunos metros, se enredó con la túnica y se despanzurró enterito en las frías losas, todo esto ante no menos de mil quinientos tres espectadores consternados.
Cuando se levantó, no recordaba quién era.
La gente, paralizada, le miraba con los ojos redondos. Callaron los villancicos de la megafonía. Un silencio espeso se había adueñado de los cien mil metros cuadrados de compras y diversión para toda la familia.Y entoces el Rey Mago se asustó, se arremangó las faldas y salió corriendo hacia la calle. Allí, de un coronazo, dejó fuera de combate a un vigilante de seguridad para arrebatarle la moto. Luego arrancó. Con su capa de armiño ondeando al viento de la autopista, devoró los kilómetros y no paró hasta que la gasolina del depósito fue a morir en la mismísima puerta del club de carretera La Gatita Lametona.
-"Voy a entrar aquí a ver si me dan un caldito o un colacao o algo".-se dijo Su Majestad, que tenía frío.
Pero no necesitó bebidas calientes. Nada más entrar vio bailar la stripper, que cimbreaba sus caderas y exhibía sus pechos desnudos ante la mirada lela de los parroquianos. Al mirarla, el Rey Mago se enamoró de ella irremediablemente y para siempre. Cuando terminó la actuación, trémulo y vergonzoso pero decidido, entró en los camerinos a buscarla.
-Señorita-le dijo-:sepa usted que no recuerdo quién soy, ya que he resbalado sobre una loncha de choped, no hará ni una hora, y me he dado un mal golpe en la cabeza. Por mi atuendo se deduce que debo pertenecer a una buena familia, incluso a una estirpe real de sangre azul, pero así de cierto no sabría decirle. No obstante, me atrevo humildemente a ofrecer a usted mi corazón, porque me he enamorado, entre otras cosas, de sus pechos maquillados y de las margaritas que lleva usted pintadas en las uñas.
Nadie puede resistirse a un Rey Mago. Ni siquiera si él ha olvidado quién es. Un Rey Mago nos conquista como un seductor nato que, con su sola presencia, nos provoca deseos irrefrenables de pedirle cosas y de jurar y perjurar que hemos sido muy buenos para que nos las traiga.
-He sido una niña muy buena, majestad, y quiero un bolso de Prada y un vibrador nuevo que funcione con pilas recargables.-respondió la stripper.
-Eso está hecho-dijo Melchor, extrayendo ambos objetos de su capa de armiño y entregándolos a su amada, que se puso a llorar de la emoción.
Fue en aquel momento cuando Gaspar y Baltasar irrumpieron en La Gatita Lametona. Mediante unos pases mágicos, no tardaron ni un minuto en poner a dormir a toda la clientela, así como a las chicas y a los camareros. Indignados, afearon la conducta a su colega.
-Pero bueno, Melchor, ¿no te da vergüenza?
-¿Quiénes son ustedes? No los conozco de nada.- mintió Melchor, que había recordado de golpe su identidad al ver llegar a sus compañeros, pero prefería ser el novio de la stripper.
-Anda, anda, no seas mentirosillo y vámonos para el centro comercial, que nos esperan miles de niños con una sonrisa de ilusión dibujada en sus rosadas caritas. Y ya hablaremos cuando lleguemos a Oriente.
-¡Ni hablar! Me declaro en huelga. Yo también tengo derecho a vivir el amor con esta señorita de las tetas grandes.
Y así continuaron discutiendo durante un buen rato, sin lograr ponerse de acuerdo. En el centro comercial, hartos de esperarlos, disfrazaron a unos señores que tenían un contrato eventual con una ETT para que los sustituyeran. Y luego se terminó la Navidad, los Magos suplentes se fueron al paro y los auténticos se pusieron en marcha hacia Oriente por mandato divino, de modo que Melchor no tuvo más remedio que abandonar a su amada, después de despertarla a ella y a todo el club.
-¡Volveré!- prometió al salir, llevándose al pecho la enguantada mano.
Y la verdad más verdadera, la que todo el mundo puede comprobar y la que nadie podrá jamás demostrar que es falsa, es que cada viernes por la noche un señor de largas barbas y de coleta blanca aparca su moto en la puerta de La Gatita Lametona. Allí le podréis encontrar, invitando a cubatas a la stripper.
Y, si habéis sido buenos, pedidle algún juguete que funcione con pilas recargables, que él, sin dudarlo, lo sacará al instante del bolsillo de su cazadora para haceros entrega del regalo y dibujar así una sonrisa en vuestras caritas sonrosadas.

10 comentarios:
Jajaja, qué buena eres, Sinfo :)
Es que hay que ser buena, porque así los Reyes Magos te traerán muchas cosas, jeje...
Ya ya, Melchor lo que quería era darle al .... triki triki trili lalala triki triki.
No debes pensar eso. Es heterodoxia y puede que hasta herejía, :-p
¡¡¡Sinforosa Jiménez Losantos!!!
Jejejejejejeje
Mucho mejor un rey mago de a pie, de los que se dan a la vida mundana, son más entretenidos. Un respiro deberían darse de vez en cuando los pobres. Este año trajeron poco la verdad y pasaban corriendo por las calles. Debe ser por la crisis. A lo mejor por eso estaba deprimido y se dio a la "mala" vida. Muy buena esta historia tan verídica. Gracias por lo del enlace y por lo de Facebook.
Gacias a usté, oiga. :-))
Y si la relación con el Rey Mago está de buenas ¿por qué anda disfrazada con el uniforme de la competencia?..
Muy linda Mamá Noelia y muy divertido el relato. Besitos amiga.
Es que sus primas reinasmagas están de vacaciones en Ibiza, je.
Las primas de la Noela, digo.
Besos, :-))
Nota.- Lo de pisar una loncha de choped y darse una piña en un centro comercial le aconteció a una servidora el verano pasado.
Tal cual.
Pero no perdí la memoria ni nada.
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