domingo, febrero 13, 2011

Detalles

No hay nada más plúmbeo que las clásicas galerías de retratos. La estúpida exhibición de unos señores y señoras que no han hecho otra gracia en esta vida más que nacer con suerte; las semblanzas grandilocuentes por encargo; las majestades, aristocracias, sapiencias y beaterías varias diseñadas por pedantes, a mí me causan sopor. Pasa en la pintura, pasa en la literatura y pasa en la vida, donde siempre te encuentras al típico pavo subido en cualesquiera púlpito, esperando, mientras diserta con mucha confianza en sí mismo, a que aparezca Leonardo y lo retrate.
Pero Leonardo no retrataba así. Ninguno de los grandes retrataba así. Los buenos retratos no son alabanzas huecas, y mucho menos lo son si hablamos de buenos autorretratos.
Hay muchas maneras de decir que menos es más, que la verdad está ahí fuera, que el protagonista puede no ser quien más se exhibe, que lo trascendental estriba en los detalles.
Algunos (pocos) humanistas lo sabían. Por eso encargaban y coleccionaban obras de Patinir, en las que lo que de verdad importa se ha movido a otro punto de vista. Lo que de verdad importa en Patinir no son los milagritos ni las moralinas; sino el mundo, tan fantástico pero tan real, en el que ocurren. Vamos: la vida.
Horizontes infinitos donde va a llover, llueve, sale el sol entre jirones de nubes o sucede cualquier otro acontecimiento absolutamente trascendental e irrepetible. Campos labrados, ríos donde navegan oscuras figuritas, orillas con fuego y orillas con luz, montañas peladas y sobre todo plantas, muchísimas plantas cuyo dibujo perfecto, casi de herbario, inspiraría a Durero.
Los de primer plano son figurantes, empequeñecidos, esquematizados o incluso pintados por otro maestro, porque lo que sucedía en las obras de Patinir era algo asombroso, y no precisamente vidas de santos.
Desde el paisaje de la cafetería del Prado, donde acaba de sentarse enfrente un señor alemán con abrigo, de lo más interesantón.
¡¡¡Y una señora japonesa con kimono!!!

2 comentarios:

Magda dijo...

Patinir y señor interesante con japonesa con kimonino en primer plano Lejos, muy lejos, absolutamente desenfocados quedan los retratos de las galerias. Me gusta tu cuadro.

¿Del kimono salen millomes de japones enanos metiendo los dedos en los ojos de los clientes de la cafetería del Prado?

A. dijo...

Ah,eso hubiera estado bien, muy del Bosco, :-)))