Ayer alguien intentó convencerme de que la gente se tiene bien merecida la crisis. La persona se refería a la gente normal y corriente y argüía que "hemos" (¿?) vivido por encima de nuestras posibilidades. De los que mangonean y provocan las crisis no decía nada, más bien le parecía normal que los dueños del cotarro quieran seguir siendo los dueños del cotarro y en realidad la culpa es nuestra por dejarles hacer.
Puede ser. Puede ser que nos las estén dando todas en el mismo carrillo por nuestro pasotismo, por nuestra adicción a los chismes último modelo, por el deseo incontrolado de muchos, en suma, de hacer el fantasma a todo tren. Y claro que hacer el fantasma a todo tren requiere, en la mayoría de los casos, de un nivel bastante terrorífico de endeudamiento,
Puede ser todo ello. Pero también es una verdad como un piano que la forma de vivir "por encima de sus posibilidades" de la mayoría de la gente ha sido pretender tener una casa, un coche y unos días de vacaciones en verano, o cosas similares, y, la verdad, etiquetar a esto como culpa-de-la-crisis me parece de una injusticia y de una arbitrariedad cómicas.
A mí no me suele gustar la gente, y sin embargo la quiero. Para ser exactos, son poquísimas las compañías que me agradan en esta vida, puesto que soy extremadamente sensible a las invasiones en mi territorio personal, pero haría muchas cosas (muchas) por ahorrar sufrimientos a los seres humanos. Paradojas.
Hoy entraba en la cafetería* y he visto a una japonesa gordita. Esto resulta bastante extraño, pero hallo la explicación en que venía yo de ver a Rubens. Explicación mítica, claro está, que son las explicaciones que a mí me gustan de verdad.
La japonesa gordita era una auténtica monada. A mí las chicas gorditas me parecen una monada. Nada es más gilipollas que ese empeño enfermizo en que la delgadez es la belleza. La belleza es gorda, es delgada, es blanca, es negra, es redonda, es cubista, masculina, femenina y, si se me apura, es hasta alienígena o de rayas con lunares.La belleza simplemente es o no es, y el que no sepa diferenciarla, pues eso: que aprenda, porque es una de las poquísimas cuestiones en cuya búsqueda sí merece la pena empeñar toda una vida.
Rubens retrató aquí a un grupo loco de alegría. Lo mejor es que su jolgorio se articula en un corro abierto donde siempre cabrá uno más. Es un círculo que está evolucionando a espiral al ritmo de la música, como si se tratara de una galaxia. Una coreografia espontánea que brota de las entrañas de un árbol, allí donde el Fauno Salvaje crea desde la sombra. La vida gira y nunca se para. La vida es movimiento. La muerte es inmovilidad. Mientras estemos vivos, siempre volveremos a ese prado con luz de verano, junto con los demás, a bailar, a beber y a fornicar.
Porque, ¿adónde habríamos de volver si no? Nadie como el maestro Rubens intuía que a ninguna parte. Absolutamente a ninguna parte.
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*.- quiero poner de manifiesto aquí la excelente variedad y calidad de cosas para desayunar que hay en la cafetería del Prado. Tanto bollos como bocadillos y frutas. Así podemos ser gordos, delgados o regulares. Yo, regular. Ergo, café y fresas. En casa desayuné cereales.

2 comentarios:
Después de escribir una larga reflexión sobre la crisis, los banqueros, los aprovechados, los que generalizan cuando hablan, los que se olvidan de quiénes fueron y sobre la tarta de manzana de rico y crujiente hojaldre, va y se me borra... :-(
Vaya, hombre. Bueno, otra vez será, lo de la tarta de manzana principalmente. :-))
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