Hasta la palabra que lo nombra es hermosa: lapislázuli.
Marco Polo lo trajo a Europa desde aquellas montañas lunares que después se llamarían Afganistán, y aquí llegó a valer cuatro veces más que el oro. Era el tinte predilecto de los reyes. Por supuesto, se extrajo de él el color adecuado para la Reina del Cielo: el azul de la Virgen.
Mucho habría que escribir para contar cómo la Humanidad evolucionó desde el Sacrificio del Rey hasta la empatía infinita, dulce y triste, con su sufrimiento. Robert Graves lo hizo: nos trajo de nuevo a la Diosa, la Todopoderosa, la madre-amante del dios siempre sacrificado para resucitar después. Tanto -o tan poco- habría que hablar, como decir que existieron, en un pasado remoto, muchas primaveras en las que todo el Mediterráneo festejó el martirio y la muerte de los consortes reales. Ellos, claro está, no resucitaban, sino que eran sustuídos por otro más joven, más fuerte y más deseado por la reina.
¿En qué momento la vida humana comenzó a importar más que la Ley?
Fue el Cristianismo, dicen. Yo creo que comenzó antes, pero sobre esto opinaré otro día. Sólo quiero hoy poner mi atención en aquel espectacular cambio de rumbo. Y no sé si Van der Weyden tuvo noticia de él, pero sé que la intuición de los artistas es mágica, y que esa línea ondulada de azul de la Virgen, esa línea que sigue, acompaña, se identifica y se funde en nuestra mente con el cuerpo muerto del rey, es una expresión de amor tan grande que sólo puede decirse sin palabras.
Del te sacrifico al te amo tanto que muero tu muerte. De la dureza del rito religioso a la ondulación acuática y celeste de lo humano. Caer del trono, tirarse desde las alturas, perder el poder, sufrir el dolor ajeno, arrojar a la basura todas las coronas, las majestades, las divinidades; las sapiencias, las magnificencias y demás geometrías vacías. Vivir.
Lapislázuli celeste: azul de vida.

2 comentarios:
Ponga algún Lapislázuli en su vida. No se arrepentirá.
Sí, pero ojalá fuera un poco menos difícil de encontrar. Lo de irse a Afganistán a buscarlo, como que da repeluco. :-)))
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